lunes, 16 de diciembre de 2013

Descubren el lugar más frío de la Tierra

El punto más frío de la Tierra fue descubierto en el este de la Antártida, un lugar solitario y alejado. Los científicos midieron en este lugar temperaturas que van desde los -92 a -94 °C, rompiendo el récord anterior de 1983. Conozcamos algunos detalles sobre este descubrimiento en el que la NASA tuvo un rol fundamental.
El punto más frío del planeta
La medición se realizó desde el 2003 al 2013 con el sensor llamado MODIS y el satélite Landsat 8 de la NASA. Las temperaturas registradas son mucho más bajas que el -89.2 ºC registrados en 1983, en el este de la Antártida. En otros lugares del mundo las temperaturas más frías fueron -62 °C en Alaska, -68 ºC en el norte de Asia.
Las temperaturas más bajas fueron encontradas en sitios donde se forman cuevas de entre 2 y 4 metros de profundidad, entre el Domo Argus y el Domo Fuji. El equipo de investigación fue liderado por Ted Scambos, y el descubrimiento fue hecho mientras estudiaban una serie de gritas encontradas, que se formaron por el frío extremo del lugar.
Límite de frío en la Antártida
Los científicos esperaban encontrar un lugar fijo donde se registrara la temperatura más baja; sin embargo, se encontró un espacio de varios kilómetros donde frecuentemente se registran temperaturas dentro del rango. La hipótesis es que una capa de la atmósfera por debajo de la meseta de hielo alcanza una temperatura mínima previniendo que la superficie se congele aún más.
Se descubrió que existe un límite de cuánto frío puede haber en la zona y cuando calor puede escapar. A pesar de ser un lugar muy frío, la superficie libera calor y energía en el espacio. Los niveles de dióxido de carbono y óxido de nitrógeno y otros gases imponen un límite al calor irradiado.
¿Cómo se estudian las temperaturas mínimas?
El estudio seguirá a través del satélite Landsat 8 de la NASA, dado que todas las estaciones de clima cercanas al punto dejan de funcionar con el frío intenso y enviar a alguien para realizar las mediciones es imposible. Por esta razón se diseñarán estaciones de clima que puedan aguantar las temperaturas.
Este tipo de estudios son un avance científico que demuestra cómo el planeta aún sigue siendo descubierto constantemente. Cada vez quedan menos lugares desconocidos, gracias a herramientas como los satélites o los sensores. A futuro, probablemente, se digan descubriendo nuevos datos sobre lugares tan inhóspitos como la Antártida

lunes, 9 de diciembre de 2013

Científicos crean un vehículo que frena si el conductor se distrae
Dispositivos, situados en la cabeza del conductor, permiten que el carro reduzca la velocidad.
Investigadores australianos presentaron este miércoles un prototipo de coche que frena si unos sensores situados en la cabeza del conductor detectan que está distraído. El acelerador del vehículo recibe "órdenes" de un casco con catorce sensores que miden el tipo y la cantidad de actividad cerebral y pueden determinar su nivel de concentración, explicó Geoffrey Mackellar, un investigador de la empresa de neuromecánica Emotiv.
Durante las pruebas del sistema, los científicos pidieron a los conductores que hablaran por teléfono, cambiaran de emisora de radio, bebieran agua o miraran un mapa para poder medir su actividad cerebral durante esas acciones.
Los conductores también tuvieron que conducir a 15 km/h para medir su actividad cerebral cuando no están realizando otras actividades. El prototipo, encargado por el Real Automóvil Club del estado de Australia Occidental, utiliza programas informáticos que le permiten acelerar cuando "el conductor está atento y frenar cuando no lo está", dijo Emad Tahtouh, de la compañía electrónica FINCH.
El sistema analiza datos como la frecuencia del parpadeo, la duración de la mirada hacia un punto preciso, la inclinación del cuello y el nivel de actividad cerebral cuando el conductor está llevando a cabo algunas de las acciones descritas.
Cuando el coche detecta una bajada de atención frena y luego acelerara cuando vuelve a subir la atención. El prototipo, que no tiene un objetivo comercial, quiere contribuir a la investigación en el campo de la seguridad vial. "En términos de muertos y heridos en la carretera, los efectos de la falta de atención son comparables a los de la velocidad y de la conducción bajos los efectos del alcohol", dijo el director del Real Automóvil 


Tenemos una idea mágica de la ciencia'
Experto de la UDA analiza por qué en el país se tiene una percepción ajena de lo científico.
Está demostrado que una persona puede vivir sin hacer investigación ni ciencia, solo necesita desarrollar habilidades para manejar dispositivos tecnológicos que el mercado le ofrece como innovación, modificar sus rutinas y dejarse llevar por el entretenimiento para pasar sus días sin mucho tedio.
No pasa igual con las naciones ni con la especie humana. Para vivir como lo hacemos hoy fue indispensable ir más allá de las herencias, creencias, mitos, ritos y ceremonias: poner en movimiento la razón, la duda, la búsqueda de nuevas pistas y la demostración que nos dieron la posibilidad de encontrar alternativas al mundo de los órdenes jerárquicos incuestionables.
De la curiosidad innata pasamos a la investigación y de allí, a esos modos particulares de conocer –las ciencias– que desde hace tres siglos intensifican su presencia en nuestras vidas y han hecho imposible prescindir de sus consecuencias. ¿Quién come, se viste, habita, estudia, trabaja, ama, se entretiene o trata su salud sin recurrir a sus propuestas? Más allá: queda muy poca gente en la tierra que piense su futuro –inmediato o remoto– sin tener en la cuenta sus beneficios.
Sin embargo, el acceso a los conocimientos provenientes de la ciencia es muy desigual. Investigar, hacer ciencia y tecnología hasta el presente son prácticas de minorías que tienen mayor tamaño en los países desarrollados porque los cambios culturales y políticos les han permitido entender la importancia de conocer la naturaleza y la sociedad revolucionando sus pensamientos. En el “tercer mundo”, en cambio, apenas si superamos la curiosidad con investigaciones aplicadas que nos llenan de maravilla ante efectos que poco entendemos.
Esta circunstancia que se comprueba con el simple hecho de ver cuáles países exportan conocimientos y tecnologías para fortalecer sus economías, y cuáles los importan tratando de ponerse al día (“modernizarse”), pagando para que así ocurra, se ha convertido en un modo de vida tensionante e injusto que la geopolítica explica: países hegemónicos, los que mandan, y países dependientes, que obedecen.
Con frecuencia, muchos pueblos se resignan ante esta situación desigual heredada, como si estos siglos de pruebas y métodos para cambiar la vida no fueran suficientes. Si hoy es nítida la verdad que desde el siglo XVIII se pregona acerca de cómo la riqueza material y espiritual de las naciones depende directamente de su capacidad para crear conocimiento, desarrollar las ciencias y las tecnologías, también se hace evidente que mantener la resignación en nuestros países con escasa experiencia científica nos condena a las dificultades de una vida ignorante, dependiente y por tanto carente de iniciativa.
En Colombia, empezando la última década del siglo XX, hubo decisiones y llamados que invitaron a un cambio de actitud. Buscando que la investigación, la ciencia y el conocimiento dejaran de ser ocupaciones voluntarias de individuos, grupos e instituciones académicas o empresariales, y ganaran el interés del Estado y la ciudadanía, el 16 de septiembre de 1993 fue instalada por la Presidencia de la república una Misión de Ciencia, Educación y Desarrollo que entre sus argumentos consideró:
Una apropiación social de la ciencia y la tecnología como la que requiere el país que todos deseamos construir implica (…) no solo adentrarnos en el vasto y complejo ámbito del conocimiento actual sino, ante todo, una transformación de nuestra relación con el conocimiento, la naturaleza de sus problemas y sus procesos de producción (Eduardo Posada Flórez).
Han transcurrido veinte años desde la Misión, se han diseñado nuevas políticas y, aunque hay variaciones favorables en las condiciones, como los museos interactivos en algunas ciudades, los parques biblioteca, las nuevas pautas en los planes de estudio y la inauguración de metodologías de enseñanza y aprendizaje en algunos planteles educativos; y han mejorado las cifras en cuanto a proyectos de investigación, grupos y número de publicaciones, la creación de conocimiento no está en el centro de atención social, política y económica. Se insiste con toda fuerza en la creación de productos, en los desarrollos tecnológicos; se mira con desdén a la ciencia básica.
El entorno cultural
Entre los colombianos predomina una concepción mágica, genial y milagrosa acerca del conocimiento y de las ciencias. Prima la creencia sobre las demostraciones; el debate ideológico sobre la investigación y la prueba; la confianza esperanzada en vez de proyectos con acción metódica en busca de resultados.
El colombiano promedio admira los avances del conocimiento en las ciencias naturales, las exactas, las sociales o las ingenierías, llevado por la novedad deslumbrante; por el encanto de las tecnologías que transforman el diario vivir y lo llevan a nuevas dimensiones; por su impacto en los modos de trabajo, el cambio de percepción acerca del tiempo y la revolución de las distancias.
Y aunque ningún ser humano puede prescindir de las creencias, las ideologías o la esperanza, cultivarlas sin ningún tipo de cuestionamientos y demostraciones nos mantiene en el campo de la emoción y el sentimiento, impidiéndonos hacer uso sensato de la valoración razonada, de la búsqueda de soluciones que la investigación proporciona para resolver problemas con pruebas relativas a la naturaleza, la sociedad o a la vida personal.
Pero si el conocimiento no tiene nada de magia, de genio inspirador ni de milagro, su savia nutricia no es la creencia porque resulta del trabajo indagador de muchas personas, instituciones y entidades que la sociedad misma crea, pone en acción y modifica si la evaluación así lo reclama, ¿por qué perviven tales concepciones?
.
http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-13112183


Misterios del Universo
Descubrimiento de agua en Marte
La misión Phoenix fue lanzada por la Nasa en agosto del 2007 y descendió en Marte el 25 de mayo de 2008, con el objetivo de analizar el agua de Marte y la posible habitabilidad en dicho planeta. El científico Peter Smith de la University of Arizona’s Lunar and Planetary Laboratory fue quien estuvo a cargo de esta misión.
La superficie del planeta rojo es en general desértica sin presencia de agua líquida, sin embargo la misión Mars Odyssey Orbiter descubrió que en sus polos, debajo del polvo de la superficie había grandes cantidades de hielo. El objetivo del Phoenix era excavar el suelo marciano, en aquellas zonas donde se creía que podía haber hielo debajo.
El Phoenix se abastece a través de energía solar y cuenta con un brazo robótico con el cual puede excavar la superficie y alcanzar la capa de hielo. El robot, equipado con un laboratorio, puede analizar las muestras y enviar la información al equipo de científicos en la Tierra.
A pocas semanas de su descenso en el planeta rojo extrajo parte del agua solidificada con el objetivo de analizar su composición, estudiar su historia geológica y estudiar la viabilidad de la vida en este planeta.
El homínido más antiguo
En el año 1997 se encontraron los restos fósiles del homínido bípedo más antiguo conocido hasta el momento, en Awash, Etiopía. Sin embargo, el paleontólogo a cargo de las excavaciones Yohannes Haile-Selassie, creyó que se trataban de restos del Ardipithecus Ramidus (el cual habitó nuestro planeta hace unos 4.4 millones de años).
Excavaciones posteriores y análisis de laboratorio permitieron a Haile - Selassie en 2004, darse cuenta que en realidad se trataba de un espécimen diferente al Ramidus y predecesor de éste, al cual llamaron Ardipithecus Kadabba, que en la lengua Adar significa “antepasado más antiguo”.
Se estima que este homínido vivió durante el período Paleolítico, entre unos 5.7 y 5.2 millones de años atrás, lo cual lo convierte en el antepasado más viejo de la raza humana. Las investigaciones científicas han determinado que posiblemente tuviera un aspecto y un cerebro similar a los chimpancés actuales.
Sus restos fósiles consisten en algunos huesos post - craneales, otros del brazo, la mano y la clavícula, algunos dientes, y un hueso del dedo gordo del pie, a través del cual se pudo determinar que caminaba erguido.

El Gran Colisionador de Hadrones
El Gran Colisionador de Hadrones, también conocido por sus siglas en inglés LHC, es un enorme instrumento científico ubicado en un instituto científico de la Organización Europea para la Investigación Nuclear, cerca de Ginebra. Fue construido con el objetivo de responder muchas preguntas del campo de la física atómica que aún estaban, y algunas aún están, sin responder.
Su construcción comenzó en 1998 y fue inaugurado diez años después, el 10 de septiembre de 2008. El LHC se encuentra a 100 mts. bajo tierra y es el acelerador de partículas más grande del mundo.
Funciona a través de haces de partículas muy pequeñas denominadas hadrones, los cuales viajan dentro del colisionador a una velocidad muy elevada y se los hace chocar entre sí. De esta manera los científicos pueden, entre otras cosas, reconstruir en un laboratorio el momento en que se produjo el Big Bang.
Realmente no es sencillo el funcionamiento de una herramienta tan compleja como el LHC, por ello les dejo este video que explica gráficamente de qué se trata un acelerador de partícula y cuáles son sus aportes a la ciencia.